¡Que nos devuelvan a esos locos de Greenpeace!

Confieso que soy eso que llaman un tipo sedentario. Y perezoso. Nadie sospechoso de correr aventuras. Por eso cuando escuché en la radio – vaya en mi descargo que eran las 7 de la mañana – que unos chiflados de Greenpeace se iban al ártico para no sé qué, no hice caso.

Después llegó a mis oídos que habían sido apresados por las autoridades rusas, y algo me dijo que cuando las autoridades rusas apresan a alguien, es que probablemente éste estuviese haciendo algo bueno. En general. Así que me abrí de orejas y mente.

Resulta que hay 30 pirados – al fin y al cabo, nunca la cordura fue requisito necesario para nada importante – que se han subido a un barco construido en 1975 llamado Arctic Sunrise – que fue en el pasado un barco pesquero de focas, notable ironía – para hacerse unos miles de kilómetros hacia el norte.

Miembros de Greenpeace protestando frente a un barco de la guardia fronteriza rusa en el Océano Ártico.-

Ese cacharro tiene un tamaño de 49,62 metros de largo por 11,50 de ancho. Como dos casas adosadas, poco más o menos. Y con eso se van 30 individuos hasta el ártico para llamar la atención sobre unas prospecciones petrolíferas de Gazprom.  Sí, ya saben, esos capaces de cortar el suministro de combustible para calefacción a un país entero en pleno invierno. Sin escrúpulos. Ni vergüenza. Y de humanidad ya ni hablamos.

Ahí me preocupé, porque si el Prestige con sus “hilillos de plastilina lió la que lió en Galicia, qué no podría ocurrir con un accidente en el Ártico.

A esas alturas la posibilidad de que gentes de bien se metiesen sin más en un barco con casi 50 años de edad y tirasen para el norte sólo para alertarnos, ya me suscitó una notable admiración. En todos los sentidos de la palabra “admiración”.

Luego vinieron las peores noticias: la guardia rusa deteniendo al barco de Greenpeace, el abordaje del barcolas acusaciones de piratería, … Ahí sigue la cosa, con 30 personas encarceladas sine die por intentar despertarnos con acciones pacíficas sobre una actividad que nos amenaza a todos

Si no fuese tan indignante, podría resultar irónico que tras ser abordados por tipos armados, amenazados y zarandeados, los piratas sean precisamente los activistas y tripulantes del Arctic Sunrise.

Y hablando de piratas, no cabe esperar dignidad ni justicia de los desaprensivos del petróleo, ni de la otra cara de la moneda, los dirigentes políticos.

Pero sí de nosotros, los individuos abúlicos y perezosos que, sabiéndolo o ignorándolo, tanto dependemos de que otros, más valientes, o conscientes, o consecuentes, o simplemente chiflados, arriesguen su vida por nosotros.

Aunque sólo fuera porque necesitamos más locos maravillosos sueltos, enseñándonos a defender la riqueza común, actuemos:

Firmad la petición de libertad para los 30 activistas del ártico

Si tienes un blog, únete a la acción bloguera: Postea tu blog el jueves 24 de octubre y tuitea mencionando a @greenpeace_esp

Y no lo olvides: están ahí por todos nosotros, los que no podemos ni imaginar lo que es navegar en un barco hasta al Ártico, quienes no sabemos lo que es que nos ataquen con cañones de agua o nos amenacen con armas.

Por ti, por mí, ¡¡por ellos!!

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