No puedo con mi vida….

30 de Septiembre 2014. Buenos días y felices pascuas.

Me asalta la duda y por fin encuentro el sitio donde resolverla:

¿De secano o de reguerío? ¿Al almendruco o a los peros? ¿Hacia el pimiento Socuellamino o al fideo de Manzaneque?

No puedo con mi vida….

Apreciado ser. Recibí tu misiva en su momento, pero ante el penetrante tufo a choteo que emitía me he resistido a responderte hasta que el plasta del editor de este blog ha amenazado con ponerse él también los calzoncillos por encima de las mallas. La horripilante idea de semejante atuendo me ha hecho recapacitar.

Vayamos pues a lo que toca (¡qué remedio!).

La primera parte de tu mensaje carece prácticamente de interés, porque de lo único que se trata es que no tienes ni idea de qué prepararte para cenar, andas dándole vueltas al asunto, y has aprovechado para tocarme los genitivos sajones. Hazte un buen pisto manchego, a ser posible echándole un par de huevos, y deja ya de molestar con la tontá.

Pisto manchego

Pisto manchego con un huevo frito. Mejora con dos.

Más interesante – lo que tampoco es mucho decir – es tu firma. La primera duda es si “No puedo con mi vida” es seudónimo, o una declaración. Como seudónimo carece de interés, así que voy a contactar con el espíritu de Freud y Jung para psicoanalizarlo.

Freud y Jung

Freud y Jung, cara a cara.

Efectivamente “No puedo” parece aludir a:

  1. Según Freud: una impotencia reprimida.
  2. Pero dice Jung que en realidad es una referencia al maestro de maestros Chiquito de la Calzada.

Me inclino por la primera opción, puesto que faltaría unas cuantas “r” al final de “puedo” para dar por buena la segunda. Desconecto al fantasma de Jung por despistado.

La conclusión de la frase es algo más interesante, al referirse a la carga que representa tu vida. De aquí, combinado con la primera acepción anteriormente expresada, Freud deduce con fundamento que:

  1. Tu vida es una pesada carga para ti mismo, o dicho de otra forma ni tú mismo eres capaz de soportarte.
  2. O bien tu vida es de lo más normal, pero tu impotencia latente conlleva que no puedas con ella.
  3. Ambos dos.

Personalmente, y aplicando la navaja de Occam, me inclino por la primera posibilidad: eres un impotente vital totalmente insoportable.

Saludos peyorativos desde la arrogancia intelectual que me caracteriza, P. Baladring.

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