Otra perspectiva sobre poder y cambio

Estamos en esos días post-24M en los que la estructura de los partidos políticos anda estremecida y los foros sociales ávidos de tinta humana. Vemos a un lado la mayoría conservadora chocheando (y no me refiero sólo a Esperanza Aguirre), al otro su alter ego socialista –  cuando convenga – excitado por el añorado aroma del poder, mientras la chiquillería encanallada que sí puede juega entre sus piernas haciéndoles tambalear, pero sin llegar a crear sensaciones de peligro inminente.

Muchas alcaldías y algunas presidencias autonómicas dependen de los acuerdos post-electorales de gobierno, sesuda denominación que encubre los juegos de poder. Y ésta es la referencia más habitual entre los estudiosos, la teoría de juegos de la que lo ignoro casi todo, puesta fúnebremente de moda por la reciente extinción de la mente maravillosa de John Forbes Nash.

A mí me gustaríaPolíticos riendo adoptar un enfoque diferente, el de la psicología social. Este artículo intentará acercarse a la visión panóptica del poder que aporta el paradigma estratégico defendido por Michel Foucault (ojo, no confundir con Léon Foucault, el del péndulo), y a las reglas que describen la relación entre las minorías innovadoras que pretenden influenciar a las mayorías conservadoras.

Si les apetece el tema, pasen y lean. Pero queden advertidos de que tampoco aquí encontrarán chistes. El poder es algo muy serio.

¿Es posible poseer el poder?

El paradigma jurídico del poder entiende el poder como algo que es posible poseer, por tanto hay personas que tienen poder. El poder se conquista porque tiene un origen, del que emana: la ley, y las tradiciones cuando ésta falla. Explica el impulso de las clases altas por obtener los poderes legislativo – la capacidad de escribir las leyes –, ejecutivo – aplicarlas -, y jurídico – interpretarlas.  Es una clase de poder que reprime, excluye y castiga a quienes desobedecen. Se ejerce de arriba abajo, y sus símbolos son la fuerza y la violencia.

Pero no explica cómo consiguen los poderosos doblegar a las instituciones para que infrinjan esas mismas leyes, o por qué algunas minorías influencian hasta el punto de cambiar, en ocasiones, a quienes detentan el poder.

Michel Foucault lo interpretó desde otro prisma: el del paradigma estratégico. El poder es una relación, una capacidad de acción que no se posee sino que se ejerce. No existe un origen del poder que pueda ser poseído porque tiene forma de red, originada en todos y cada uno de los nodos. Son las normas sociales, construidas por la ciudadanía en sus relaciones interpersonales, las que realmente dictan las leyes por las que nos regimos, y no la inversa.

O dicho de otra forma, cuando una ley contradice las normas sociales – implícitas o explícitas – con las que actuamos, acaba siendo papel mojado. La ley puede decir que paguemos nuestros impuestos, pero las normas sociales, construidas en nuestro contexto social e histórico, pueden aceptar lo opuesto. En ese caso los impuestos no se pagarán salvo coerción gubernativa, cuando la haya, y nadie apuntará con el dedo al evasor. Ni siquiera aquellos que han promulgado la ley, o tienen la obligación de hacerla cumplir.

Cada individuo dispondrá de la capacidad de acción que le brinden sus relaciones en un contexto y tiempo concretos. Y de nada le servirá actuar conforme a la ley si la norma del grupo en el que está dice lo contrario. Porque cada grupo o entorno social castiga con crueldad a quienes ignoran sus normas, o son diferentes, con tanta o mayor fuerza que el poder ejecutivo formal.

PanópticoEl poder ya no necesita reprimir, sino que controla, regula, vigila y gestiona hasta normalizar los comportamientos. Es un poder de abajo arriba cuyo símbolo es la vida, definida y gestionada hasta cerrar cualquier espacio de libertad en sociedad. Es la imagen del panóptico – la estructura carcelaria circular diseñada por Jeremy Bertham en el siglo XVIII – que, en palabras de Michel Foucault,

es el espacio cerrado, recortado, vigilado en todos sus puntos, donde los menores movimientos se controlan, los acontecimientos se registran, en el que un trabajo ininterrumpido de escritura une el centro y la periferia, en el que el poder se ejerce por entero, de acuerdo con una figura jerárquica continua, en el que cada individuo está constantemente localizado, examinado y distribuido entre otros individuos. Este aparato arquitectónico es una máquina que crea y sostiene las relaciones de poder, que fabrica efectos de poder.

¿Mantiene encendido el teléfono móvil cuando se desplaza? Se sabrá dónde se encuentra aproximadamente. ¿Es un Smartphone y deja el GPS encendido? Se sabrá dónde se encuentra exactamente. ¿Utiliza tarjeta de crédito? Sabremos cuáles son sus gustos y su capacidad adquisitiva. ¿Busca un producto por Internet con objeto de comprarlo? Facebook lo sabrá y le mostrará ofertas en el lateral derecho de su timeline. La panóptica es más real cuanto que la virtualidad se ha extendido en la sociedad de la información.

De mayorías y minorías.

En primer lugar creo que cabe definir a qué me refiero cuando hablo de minorías y mayorías desde el punto de vista de la normativa social. Por ejemplo, observen un hemiciclo parlamentario, ¿Cuántas rastas o crestas puede ver? ¿Cuántos hombres no visten camisa y chaqueta? No tiene que ver con la ideología, sino cómo nos comportamos frente a lo que es considerado socialmente correcto: conformidad, conformismo, oposición, o influencia. Desde esta perspectiva hay poca o ninguna diferencia entre el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español por poner un ejemplo, por lo que no es de extrañar que cuando una norma social poderosa actúe reaccionen exactamente en la misma dirección. Son facetas de la misma mayoría.

De esta forma no es necesario que la mayoría lo sea en número, basta con que sea percibida como tal por el conjunto de la población. Por ejemplo, numéricamente las personas de origen europeo no fueron superiores en número a las de otros orígenes en Sudáfrica, pero impusieron sus normas durante mucho tiempo. Y en otras ocasiones podemos formar parte de minorías y mayorías simultáneamente, dependiendo del contexto. Pero lo esencial, lo realmente importante, es que la mayoría es percibida como tal, y fija las normas sociales a seguir para todos los demás miembros de esa sociedad, y en ese momento histórico.

Minorías son por contraste aquellos grupos sociales con posiciones propias respecto de la norma social impuesta por la mayoría. Podemos agruparlas según sus características:

  • Las minorías nómicas construyen y obedecen normas sociales propias, y las proponen a las demás minorías, o incluso a la mayoría, para que las adopte. Acostumbran a ser minorías innovadoras y heterodoxas que incomodan.
  • Las minorías anómicas también disponen de normas sociales propias, pero las mantienen para para uso interno sin tratar de influenciar a los demás. Acostumbran seguir normas anacrónicas dentro del grupo, con las que la mayoría contemporiza al tiempo que ignora.Minorías ortodoxas
  • Las minorías ortodoxas sostienen creencias o valores idénticos a los de la mayoría, pero los aplican de manera fundamentalista. Conviven con la mayoría y con frecuencia la sirven desde puestos de responsabilidad social.

Frente a los conflictos entre el comportamiento privado y el público, según Kelman las personas actúan dependiendo del grado de aceptación siguiendo alguno de estos tres tipos de conformidad: sumisión por temor, identificación para ser admitido en el grupo, o incluso interiorización de las razones que originan la norma.

Pero no es lo mismo conformidad que conformismo. La conformidad requiere la asunción de una actitud personal por alguna de las razones indicadas, mientras que el conformismo implica la aceptación pasiva de las normas sociales de la mayoría o minoría en la que se integra la persona.

Y sin embargo las minorías influyen.

Dentro del paradigma estratégico, las minorías tienen capacidad de influenciar a las mayorías hasta convertirlas a los nuevos puntos de vista. Pero como su peso en las relaciones de poder es insuficiente, no pueden esperar conformidad ni conformismo, deben necesariamente convencer.

Ahora bien, existen determinadas tendencias que permiten que la minoría innovadora heterodoxa convierta a la mayoría con mayor facilidad:

  • La minoría debe ser consistente. Su argumentación debe ser clara y sostenida sin fisuras por las personas que la apoyan tanto de forma diacrónica – a lo largo del tiempo – como sincrónica – quienes la apoyan emiten mensajes coherentes.
  • Debe visibilizarse el conflicto normativo de forma sostenida en el tiempo. El grado del conflicto debe permanecer en unos límites aceptables para la mayoría, sin llegar a ser tan bajo que no merezca la atención de sus integrantes.
  • La minoría debe mostrarse autónoma, generando la percepción de que sus opiniones no se deben a intereses ajenos al movimiento. No son marca blanca ni testaferro de nadie, y por tanto genera confianza desde posiciones de independencia.
  • Es importante el estilo negociador de la minoría, dependiendo del contexto. Las minorías flexibles acostumbran obtener mayores dosis de influencia directa – cuando los grupos influenciados muestran explícitamente su acuerdo con las posiciones de la minoría – pero las minorías con un estilo de negociación más rígido e intransigente suelen alcanzar una mayor influencia indirecta – cambios en el comportamiento de los grupos influenciados sin reconocimiento explícito.
  • La influencia será mayor cuando la minoría sea considerada un endogrupo, un subgrupo de la propia mayoría. Los endogrupos obtienen mejores resultados con posturas negociadoras rígidas, mientras que en los exogrupos la mayoría acepta mejor argumentaciones en un entorno negociador flexible.
  • La minoría debe evitar las defecciones – miembros notables de la minoría que apoyan públicamente tesis mayoritarias – porque debilitan su capacidad de conversión. En cambio, cuando la defección proviene de la mayoría puede provocar una bola de nieve que multiplique la capacidad de influencia de la minoría, aunque en general la influencia mayoritaria tiene una mayor capacidad de resistencia y se lo puede permitir.

 Pero las mayorías resisten.

Sería ingenuo esperar que las mayorías no resistiesen a los cambios, lo habitual es por el contrario que actúen para mantener el estatus quo. Estas son sus estrategias más habituales:

  • La denegación de los argumentos de la minoría, enfatizando sus consecuencias negativas, incoherencias, o sus absurdos, siempre desde la perspectiva mayoritaria.
  • La censura ignorando, o simplemente prohibiendo la difusión de la postura mayoritaria, o silenciando la propia existencia de la minoría. Esta es una estrategia arriesgada, porque la menor filtración provocará un amplio deseo de saber más sobre la información prohibida.
  • La psicologización mediante el uso de argumentos ad hominem destinados a socavar la credibilidad de quienes presentan un mensaje alternativo. En ocasiones se achacará a intereses particulares o peculiaridades del mensajero, en otras se asignarán intereses espurios al colectivo entero. Se abusará por supuesto de estereotipos y prejuicios para tal fin. La mejor defensa para la minoría ante estos ataques es el crecimiento rápido en número, de forma que las acusaciones pierdan credibilidad.
  • Y por supuesto, la represión, aunque ésta puede ser contraproducente sin el apoyo de las anteriores, cuando se acaba victimizando a los miembros de la minoría. Véase por ejemplo la multiplicación de asistentes en Barcelona o Madrid tras los desalojos de las acampadas del 15M.

Concluyendo.

Las minorías innovadoras no lo tienen fácil para transformar una sociedad en la que el poder adquiere formas de relaciones en una red que todo lo abarca. Estas relaciones de poder se ejercen desde la mayoría, no necesariamente numérica, pero sí percibida y aceptada por la sociedad.

En este entorno las minorías acaban siendo expresiones de un cambio en marcha al que puedan influenciar si juegan bien sus bazas, pero sin que tengan en general la capacidad de forzarlo antes de que la mayoría lo perciba. Ahí es donde la mayoría tiene su mayor capacidad de resistencia cuando domina la maquinaria de comunicación.

Pero siempre acaba produciéndose la evolución. Hacia dónde, eso ya depende de la habilidad de los grupos minoritarios y de la capacidad crítica de la mayoría. De cada una de las personas que componemos la ciudadanía, en fin.

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Bibliografía no referenciada previamente en el texto:

Feliu i Samuel-Lajeunesse, Joel (2008). Influència, conformitat i obediencia: Les paradoxes de líndividu social. Barcelona: editorial FUOC.

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