Hasta aquí hemos llegado. Y ahora, ¿qué haremos al respecto?

Esta es una de mis frases favoritas. Cuando llego a una revolución de sobremesa (o alzamiento en cañas, pero éstos suelen ser menos sangrientos) en la que los comensales despotrican sin tasa de los gobiernos que fueron y son, me encanta esperar un rato y entonces dar un puñetazo sobre la mesa y exclamar “¡Hasta ahí podríamos llegar!, y ¿qué habéis pensado hacer al respecto?”. Nueve de cada diez conversaciones se van al garete y mudan de tema. No estoy seguro de si eso me complace porque me frustran los revolucionarios de café, copa y – cada vez menos – puro que sólo saben quejarse, porque desde que estoy a régimen tengo cada vez peor carácter, porque soy un mal bicho, o por todo ello junto y revuelto. Tampoco me sorprende que cada vez me inviten menos, pero esa parte la tengo asumida, por eso creé este blog.

Sea como fuere, escribo en el día previo a la entrada en vigor de la conocida ley Mordaza, y toca cambiar de estrategia. Así que este post va de reflexiones varias y alguna conclusión que se desprende de todas ellas, en lo que a mí se refiere.

Mientras tanto, y por si algún despistado no sabe de qué va la Ley Mordaza, dejaré que lo cuenten los de nosomosdelito.net que tienen mucho más arte que yo.

Vayamos paso a paso, que es siempre conveniente desglosar los factores situacionales que condicionan nuestra realidad para poderlos manejar con mayor efectividad.

Warren Buffet y la guerra de clases

¿Estamos en guerra? Pese a lo que diga Warren Buffet – que no deja de ser parte interesada y un gran manipulador – no lo creo, porque para que hubiese una guerra se necesitarían al menos dos contendientes, y aquí sólo hay uno. Si acaso, esta es la fase inicial de una invasión. Primero nos convierten ideológicamente para que amemos al invasor, luego nos transforman en aquello que les conviene, y por último nos utilizan como lo que sea que toque: mercados, consumidores, rebeldes controlados, mano de obra, sirvientes, guerreros, …

De momento lo están haciendo de maravilla, que nadie piense que son incompetentes.

Por tanto el primer paso es no aceptar la conquista.

¿Nos están quitando nuestros derechos? Por supuesto, o ¿eráis tan ingenuos que cuando el partido gobernante hablaba de la herencia recibida entendíais que sólo se refería a las finanzas del estado? No, la herencia recibida de la que se están deshaciendo incluye nuestros derechos de ciudadanía.

En el nuevo sistema los conquistadores han decidido que las cotizaciones nos dan derecho a reclamar que el servicio que necesitamos exista, pero utilizarlo tendrá coste marginal. O sea, los impuestos nos dan derecho a permitirles construir infraestructuras – por ejemplo, escuelas y hospitales – pero si además pretendemos utilizarlos deberemos pagar por ello un nuevo impuesto implícito a nuestros señores.

Y si no lo gastamos adecuadamente… pues nos lo cobran por otra vía como se ha visto con la sanidad, la enseñanza, o las autopistas. Son élites extractivas, ¿qué podíamos esperar?

De aquí se deduce que el segundo paso es no reconocer el nuevo sistema y reclamar aquello que nos prometieron en el pasado a cambio de nuestros impuestos.

¿Quiénes son los conquistadores? No desde luego el gobierno, ni el Partido Popular. No confundamos a la mafia con sus matones, o a los terratenientes con sus capataces, porque al final acabamos gastando fuerzas en vano: da igual a cuantos matones derrotemos, tienen más, y si no los crean.

La verdadera casta – y no esa de la que hablan los genios del marketing político – no se ve, sólo sabemos de ella que existe. Son los rentistas, que se han alejado por completo de nuestra realidad y se han creado otra paralela en la que no existimos, y cuando irrumpimos y enturbiamos su idílica vida nos envían a sus tropas mercenarias para podernos olvidar de nuevo.

No es posible llegar hasta ellos desde la política, ni vencerlos por la fuerza, pero sí recortarles su sustento. Por ejemplo dejando de utilizar sus bancos para guardar nuestro dinero, de enchufar nuestras casas a sus sistemas de energía, y no consumir sus abalorios a menos que nos vaya la vida en ello. Que mengüen sus rentas, y de paso que controlar nuestras vidas no les sea tan fácil.

Pongamos que el tercer paso sería desconectar los soportes vitales de la casta rentista de nuestras venas.

¿Tiene sentido trabajar desde los partidos políticos de izquierdas? A mí el armazón de izquierdas y derechas se me destrozó en 1982, cuando siendo yo funcionario el PSOE se convirtió en patronal, y me gastó tantas o más putadas que los que estaban antes, e incluso que los que vinieron después.

Por otra parte esto de las izquierdas y derechas es relativo: cualquier partido que alcanza el poder se tornará conservador una vez haya realizado las modificaciones sistémicas que crea conveniente, o su capacidad les permita. Verbigracia, el partido comunista fue dictatorial en la URSS, pero se considera progresista en Europa.

Prefiero basarme en la dirección en la cual miran: retrovisores (aquí entran tanto comunistas como falangistas, por poner dos ejemplos al tuntún), miopes (para ellos el límite temporal son las siguientes elecciones, pongamos que hablo de PSOE, PP, CiU, PNV…), y visionarios (quienes intentan imaginar un futuro distinto, por ahora EQUO y los movimientos sociales). Siguiendo esta clasificación, el PSOE es retro en la oposición y miope en el gobierno, luego no me sirve. IU será retro en cualquier entorno, Podemos es una incógnita en vías de permanente mutación, y del anarquismo ya ni hablo. Decidid cual es vuestra visión del futuro a largo plazo y tomad partido, pero cuidado con lo que pedís, no fuerais a conseguirlo.

Mi cuarto paso es no confiar en ningún partido o movimiento que carezca de visión a largo plazo, que esta visión sea pública, y por supuesto cuidando de que yo – vulgo dependiente de un salario – tenga cabida en ese futuro.

¿Hay alguna estrategia que sea útil? Más nos vale, porque si no podemos darnos por conquistados (y jodidos). Habrá quien piense que debemos rebelarnos públicamente, pero ya expliqué que el poder es una red de relaciones, y que la rebelión controlada es parte de esa red. Para entendernos, ya esperan nuestros vopos que nos manifestemos y protestemos a voz en grito, por eso se han inventado la ley Mordaza: si protestamos recaudan, y si no protestamos también les vale porque no tienen que esforzarse.

Lo que les duele es que utilicemos el sistema contra ellos, como se ha hecho con las denuncias a la corrupción y la bendita labor de supervisión de las cooperativas ciudadanas como las que mencioné en el artículo sobre los cambios en la esfera pública.

No tengo sin embargo nada en contra – ¡¡faltaría más!! – de quienes prefieran la épica a la estrategia, que cada cual lucha como sus valores y creencias le da a entender, pero yo elegiré otras vías.

Mi quinto paso será pues dedicarme a aprender para entender y explicar cómo funciona el sistema, y en la medida de mis posibilidades, cómo utilizarlo para resistir a la conquista.

———————-

Quede claro que no soy abogado, ni loqueseálogo (sociólogo, psicólogo, politólogo, …logo). Mi ámbito de conocimiento es el entorno de los cambios sociales, y mi prioridad conseguir un futuro razonablemente bueno para mí y sobre todo para quienes son ahora jóvenes. Porque de ellos será el futuro, y estando como están las cosas, no les arriendo las ganancias si no empezamos ya a trabajar para cambiar la cultura de esta sociedad.

Saludos.

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7 comments

  1. Por cierto, todo que engloba EQUO (derechos sociales, justicia, respeto por la naturaleza…) eso es la verdadera izquierda, su espíritu, y no el PSOE

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    1. Cierto. Hay una definición clásica del concepto de izquierdas políticas: aquellas propuestas ideológicas que ponen el foco en la defensa de la igualdad social. Sin embargo hay un problema: deja de ser útil cuando introduces la variable económica en la ecuación, y tan superflua como el cenicero de una moto si empezamos a hablar de ecología política. Por otro lado, yo siempre he considerado a EQUO un partido tan extremadamente conservador que pretende conservar incluso a la especie humana. Excuso decir que estos chistes no me granjearon grandes apoyos en EQUO en su momento.

      En mi escala, es claramente el único partido político visionario – y focalizado en lo social, los otros no me interesan – en España: fallo sistémico por agotamiento de combustibles fósiles, desastre climático… Y eso es lo que lo hace único, y por ahora ignorado como suele ocurrir con los profetas apocalípticos. Veremos qué pasa en noviembre, si consigue alguna alianza estable o sucumbe ante los mensajes simplistas de Podemos. Optimista, optimista, lo que se dice optimista, no soy.

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  2. Yo creo que el término de “casta” al que se refiere Pablemos, está bien usado si quieres arañar votos de los dos lados, pero es bastante pobre, inexacto y cobarde. Es algo parecido a lo que decía Rosa Diez, que si las autonomías , los coches oficiales… Buscar el voto fácil

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    1. Es marketing. Saben que a mucha gente les cuesta imaginar quienes están realmente al mando, y prefieren poner el foco sobre los que salen en TV porque como bien dices eso araña – o más bien desgarra – votos. El problema es que al final se lucha contra quienes no toca, y con las armas equivocadas.

      De todas formas lo tengo asumido: ellos son unos genios y yo no, así que el hecho de tener o no razón no pasa del nivel de anécdota. Para ellos la perra chica si así lo quieren, yo me quedo con el concepto de “élites extractivas“.

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    1. Pero eso ya es una realidad pretérita. En su libro “La economía del miedo” (2011) Joaquín Estefanía hablaba de una rápida proletarización de la clase media, pero se quedó muy corto: al final no fue proletarización sino precarización, y destrucción de los ascensores sociales por si acaso algún gorrión trataba de llegar al comedero de las águilas.

      No sé si has leído mi artículo sobre el empleo en la Sociedad Red, pero te lo recomiendo. Y no hagas caso a Salva, no estaba pesimista ese día, sólo descriptivo.

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  3. ¿Cuántas veces se ha solucionado el país en la barra de un bar? ¿Nunca has escuchado eso de “todos son iguales? ¡Tú que sabrás si siempre has votado al mismo! (que conste que esa frase siempre la dice gente de derechas)

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Gracias por dejar un comentario. Nota que no se aprobarán aquellos que superen las 250 palabras, o contengan afirmaciones no demostradas. Por ejemplo, si afirmas que la madre de algún miembro del gobierno ejerce la prostitución, tendrás que aportar pruebas.

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