2. En marcha

Regresa hacia su puesto de vigilancia con una pose gallarda, que provoca la envidia de ejemplares demasiado jóvenes, o demasiado viejos, para ejercer una función relevante en la manada.

En esa manada de ñus que emprenderá la marcha al día siguiente, cuando salga el sol, dejándolo sobre el flanco de luz, signifique ello lo que signifique...


Apenas ha conseguido dormir por el peso de la responsabilidad que le otorgará el día siguiente. Explorador, nada menos. Miembro de la élite Ñu de guías de la manada.

El último de ellos, de acuerdo, pero ya se sabe que mejor cola de ñu que cabeza de cebra.

El amanecer… Perdón, el brote de la bola-de-luz-que-calienta lo descubre ya en pie y patrullando el flanco de la manada mientras mordisquea algo de hierba fresca cubierta de rocío – ¡Ñu, qué delicia! – para desayunar.

— ¡En marcha!

Hierba-de-primavera lanza un grito y se orienta dejando la bola-de-luz sobre su flanco izquierdo.

Por doquier se escuchan los mismos gritos procedentes de los exploradores que circundan la manada al galope. Él se une a ellos.

— ¡En marcha!

— ¡En marcha!

— ¡En marcha!

Y, por fin, los ñus empiezan a caminar levantando un sordo rumor sobre la tierra con sus pezuñas.

Empieza el baile habitual para ocupar los espacios centrales de la manada, más seguros. Allí se ubicarán los maduros de mayor categoría – incluido, por supuesto, el líder mata-cazadora-grande – con sus hembras y las crías de esta misma temporada, rodeados por la aristocracia del rebaño. Para el resto es un sálvese-quien-pueda de maniobras y empujones, de la que acostumbran a salir mejor librados los machos más corpulentos.

No importa, porque con el tiempo la masa se irá reordenando de forma que los miembros débiles quedarán rezagados, o expulsados hacia el exterior, dejando que hembras y crías vayan rotando sus posiciones, de acuerdo con sus niveles de jerarquía y mal genio de las madres. Tan solo el Consejo y la aristocracia tienen garantizado su lugar privilegiado.

La bola-de-luz se eleva mientras transcurre la mañana. Casi ha alcanzado su punto más alto, directamente sobre su testuz, cuando estalla la estampida.

En ese momento, si estás dentro del grupo, lo único que puedes hacer es tratar de correr en armonía con la manada para no caer y morir pisoteado. Eso no es un problema para caca-líquida porque él galopa en el flanco, tratando de mantener al grupo tan cohesionado como es posible en estas circunstancias.

No sabe qué ha ocurrido exactamente, pero se lo puede imaginar: algún come-ñus se ha acercado con el fin de generar el caos y provocar el aislamiento de alguna presa más lenta.

Por el rabillo del ojo cree ver un borrón que corre a toda velocidad en diagonal hacia la manada, por delante de él. Sin duda es un cazador, un come-ñus-veloz, que se aproxima directo hacia una de las crías que corre al lado de su madre. Estos cazadores con manchas son más pequeños y por eso se conforman con presas de menor tamaño, pero a cambio son extremadamente rápidos. Tan veloces como una gacela, incluso más que un ñu joven como él.

No cambia el rumbo, porque con la velocidad que ya ha alcanzado no podría hacerlo en tan corto espacio, de modo que redobla el esfuerzo y baja la cabeza a la altura de la hierba, los cuernos prácticamente horizontales.

Choca con violencia contra algo y rueda por el suelo. Cuando se levanta, nota un gran peso en un cuerno, algo que resbala y tiñe su visión de la pradera de color rojo. Un peso con un olor que le infunde pavor, de modo que sacude la cabeza hasta que nota que lo que fuera ha salido despedido.

No se detiene para averiguar qué ha ocurrido. Continúa galopando, aunque esta vez con la cabeza en alto, tratando de detectar al cazador que entrevió. No lo ve, de modo que regresa a su tarea de tratar de frenar la estampida.

Los corredores no tardan mucho en ralentizar la carrera a medida que se van cansando. La manada frena su galopar irracional hasta casi detenerse. Algunas crías buscan a sus madres sin encontrarlas, y al revés, pero eso cabía esperarlo. Algunos miembros de la manada habrán muerto pisoteados y serán pasto de los grandes-pájaros-de-cuello-pelado, y de los cazadores-apestosos-que-ríen-sin-gracia. Otros, los menos, habrán caído en las fauces de cazadores grandes o veloces. De los heridos mejor no preocuparse, estarán muertos mañana.

Observa que la manada se abre para dejar pasar a los miembros del Consejo de Ancianos, que se detienen, aunque varios lo están mirando. Parecen esperar a que hierba-de-primavera y otros líderes exploradores se acerquen.

Cuando se han unido los grupos se encaminan hacia él.

Caca-líquida mira detrás de él, sin ver nada relevante, de modo que trata de apartarse del camino de los Ancianos, pero entonces el grupo también cambia de dirección.

Vuelve a cambiar de posición, hacia el lado contrario, pero de nuevo el grupo rectifica y lo enfila. Haga lo que haga, se dirigen hacia él y están empezando a mirarlo mal.

¿Qué habrá hecho? ¿Su primer día y ya lo degradarán a oyes-tú? Tanto se preocupa que nota como la caca líquida, tan frecuente en su infancia que le dejó el nombre, se asoma por debajo de su cola. Hace un esfuerzo para cerrar las ancas, atrancar el agujero y meter la caca hacia dentro mientras espera que todos pasen de lejos.

Pero no lo hacen. Se detienen justo delante de él.

Se acercan hierba-de-primavera y mata-cazadora-grande. Toma este último la palabra.

— La manada te saluda y agradece, pincha-veloz. Ese será tu nuevo nombre.

Hierba-de-primavera murmura hacia la oreja del líder.

— Pero señor, ¿no dijimos que se llamaría mata-cazador-veloz?

— Aquí el único mata-algo soy yo, ¿está claro?

— Pero…

El explorador atribulado ya nota cómo la caca líquida está aflorando entre sus poderosas nalgas, de modo que interviene para no perder más tiempo.

— No, si ya me está bien, mejor picha-veloz que caca-líquida, ¡oh, legendario mata-cazadora-grande! Y ahora, si me permitís, …

— Espera, pincha-veloz – Atruena el líder, subrayando la n de pincha. – ¿Hay algo más que la manada pueda hacer por ti?

Pincha-veloz, el que hasta ahora era caca-líquida, sigue sin tener ni idea de qué está pasando con él, pero ya que han preguntado… Hay algo a lo que está dando vueltas desde su encuentro del día anterior con la hembra.

— Pues ya que la manada lo ofrece… Me gustaría mucho reproducirme en el próximo celo.

Eres un poco joven para eso, pero te lo has ganado. Que así sea, pincha-veloz.

Los ancianos se dan la vuelta justo a tiempo porque el esfínter del valiente explorador ya casi desfallece.

El joven ñu no puede menos que admirar el poderío de esas nalgas, la sabiduría que albergan esos testículos enormes y colganderos…

— ¿Cómo? Yo no he mojado todavía, y tú, cagón, que eres un cagón, que te huelo desde aquí, ¿te vas a reproducir este verano? ¿Y todo porque te has tropezado con un veloz y lo has corneado por casualidad?

El que grita furioso es hierba-de-primavera, frustrado porque su subordinado haya conseguido en un año lo que él no logró en dos.

— Ñu, si es que me lo han puesto así… Ha sido por no hacerle un feo a la manada…

— Cállate, cagón, que ya nos tocaremos las testuces cuando llegue la lucha por las hembras. Te voy a meter esos cuernos de estiércol para adentro.

Hierba-de-primavera vuelve grupas para cabalgar con furia hacia la cabeza de la migración.

Disimuladamente, pincha-veloz mira hacia la entrepierna trasera de su superior. Si la inteligencia nace de los testículos, como siempre repetían las hembras-madre, su jefe no es muy listo. En cambio, mata-cazadora-grande debe ser un genio porque se ha fijado y bueno… es un superdotado. Ahí, sin duda, cabe inteligencia en grandes cantidades. 

Aprovecha que nadie parece fijarse en él para dejar ir lo que ha estado luchando por retener. Un gran alivio. Suerte que nadie lo haya notado porque igual le devuelven el nombre antiguo.

Pincha-veloz se aleja de la deposición trotando con juvenil gallardía.

Con esto acaba el relato del primer día de la gran marcha hacia los prados de otoño.


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