6. La no-tierra.

…el sector conservador del Consejo – el único sector, en realidad – decidió por unanimidad que allí no pasaba nada raro, que ese era el camino de siempre, y la cuesta siempre estuvo ahí.

También, aunque esta vez por mayoría simple, que gran-pensador tenía un indudable aire familiar con mata-cazadora-grande.


Durante dos apariciones y desapariciones de la gran-bola… Resumámoslo en dos días, que el lenguaje ñu se hace un poco cansino a la larga.

Pues eso, que durante dos días la manada continuó ascendiendo por la ladera de la colina que, según a quién se pregunte, siempre estuvo ahí, o nunca existió.

Honrando el conocido refrán de “ñu precavido vale por dos cebras”, gran-pensador decidió enviar patrullas de exploradores por delante de la manada. Cuando la gran-bola-de-luz-que-calienta empezó a caer – o sea, a la tarde en nuestro lenguaje simio habitual – pincha-veloz trotaba en vanguardia con su compañero veterano poco-con-lo-que-pensar.

¿Por qué en parejas? Si le hubieran preguntado a nuestro protagonista habría dicho que porque así se hacía menos monótono el trabajo de exploración, o que siendo dos nadie se atrevía a escaquearse… Pero la verdad es que los exploradores suelen ir en pareja para que, si se encontraran con come-ñus, el más lento los entretenga con sus carnes mientras el más rápido avisa a la manada.

No es de extrañar pues que exista una cierta rivalidad atlética entre las parejas de exploradores. Por eso, cuando alcanzan un punto en el que la pradera se estabiliza, pincha-veloz no se sorprende al ver que poco-con-lo-que-pensar arranca a un galope feroz en dirección a unos arbustos que crecen a unos bastantes cuerpos de ñu de donde están.

— ¡El que llegue último a los hierbajos es una cebra!

El explorador más joven no duda de que es más rápido que su compañero, pero lo ha pillado distraído y no reacciona a tiempo para alcanzarlo. Aún está a unos cuantos cuerpos de ñu del otro corredor cuando frena, reconocedor de su derrota.

Entre risas, poco-con-lo-que-pensar salta por encima de los arbustos mientras gira la cabeza y grita.

Caca-líquida es una cebraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaayyyyyyyyyyyyyyy.

¡Catacroc!

No solo deja de escucharse la voz del explorador, sino que tampoco se le ve. Un tanto picado por la burla con su antiguo nombre, caca-líqu… perdón, pincha-veloz se acerca a los matorrales y los cruza pasando cuidadosamente por un estrecho hueco.

Se detiene en seco, súbitamente espantado.

No solo no está su compañero, sino que tampoco hay hierba, ni tierra, ni nada. Allá, muy al fondo del abismo, le parece ver el cuerpo de poco-con-lo-que-pensar, pero ni de eso está seguro porque ya ni forma de ñu tiene.

Y la manada se dirige recto hacia aquí… Tiene que regresar y avisar.

Galopa sin mirar atrás hacia la manada. Localiza rápidamente a gran-pensador y se dirige hacia él. Llega casi sin aliento.

Gran…. pensador

— ¿Qué te ocurre muchacho? ¿Habéis tropezado con come-ñus?

— ..no…

— ¿Entonces? ¿Dónde está mi hermano poco-con-lo-que-pensar?

Lo malo del lenguaje ñu es que no se enseña en la escuela, porque no hay ni lo uno, ni la otra, y desde luego pincha-veloz no conoce los términos para “abismo”, “despeñadero”, “precipicio”, y similares. Recurre a la onomatopeya.

Poco-con-lo-que-pensar ríe ja, ja, ja, … salta… aaaayyyyyyy… catacroc.

— ¿Catacroc? ¿Se ha caído? ¿Dónde?

— …adelante.

— Guíame.

No es que gran-pensador desconfíe de pincha-veloz, pero si debe advertir de un peligro es conveniente que se asegure, y su explorador no es precisamente un gran comunicador ñu.

Pincha-veloz arranca al galope, porque entiende que cuanto más tarde, más difícil resultará detener a la manada. Lo sigue su jefe a la misma velocidad.

Cuando alcanzan la meseta previa a los arbustos fatídicos, pincha-veloz está francamente cansado, sin aliento. Gran-pensador se da cuenta y decide seguir en solitario. Gira la cabeza y le grita a su subordinado.

— ¿Dónde cayó poco-con-lo-que-pensar?

— …allí… matojos…

— ¿En esos matojos? Voy en seguida, tú espérame ahí.

— No…

Tarde. Paradójicamente gran-pensador no se lo ha pensado y ha saltado los matorrales exactamente igual que hizo su hermano.

— Aaaaaaaaayyyyyyyyyyyy….

¡Catacroc!

Pincha-veloz se asoma al… al como se llame para ver lo sucedido. Efectivamente, ambos ñus han caído tan exactamente en el mismo sitio, que desde allí arriba costaría decir qué parte pertenece a cada cual.

Por un momento cruza por su mente la perversa idea de que, repitiendo el mismo proceso unas pocas veces, podría acabar corriendo tanto el escalafón que llegaría a ser jefe de exploradores antes de que desaparezca la gran-bola-… antes de que se ponga el sol.

El joven sacude con fuerza la cabeza para espantar tan infame idea, más propia de cazadores-apestosos-que-ríen-sin-gracia que de un ñu que se precie. Tiene que detener la migración inmediatamente.

Regresa de nuevo al galope enfilando el grueso de la manada por el centro, lo que provoca que se abra un corredor ante él hasta el Consejo, con no pocos improperios a su paso.

— ¡Si es que estos jóvenes van como locos!

— Claro, como son hijos de mata-cazadora-grande se creen que tienen derecho a todo…

— ¡Cebra, que eres un pedazo de cebra!

— ¿Cebra? ¡Ese es un cacho cebrón!

Pronto alcanza la guardia pretoriana de grandes ñus que protege al Consejo, y se derrumba, totalmente agotado.

— ¿Qué locura es esta, joven explorador? – Brama con irritación mata-cazadora-grande. – ¡Que venga inmediatamente gran-pensador!

— No… vendrá… – Resuella a duras penas pincha-veloz.

— ¿Cómo que no? ¿Osará desobedecer mi orden?

— No… es que…

De nuevo tropieza el joven ñu con su falta de vocabulario, de modo que recurre a la misma táctica.

— Ja, ja, ja, … salta cebraaaaaaaaayyyyyyy… catacroc poco…con-lo-que…pensar. Y luego salta aaaaaaaaayyyyyyy… catacroc gran-pensador.

Mata-cazadora-grande se gira hacia el consejo, pero los demás miembros hacen como que rumian, que es la forma ñu de indicar que no han entendido nada. Regresa con el explorador, que ya ha recobrado algo de aliento.

— Gran anciano ñu… primero parado, luego hierbajos, después salto, y luego no están.

— ¿Quiénes, no están?

Poco-con-lo-que-pensar y gran-pensador.

— ¿Que han desaparecido?

— Eh, no. Siguen allí abajo.

— ¿Abajo de qué?

— De la no-tierra.

— ¿No-tierra?

Empiezan a escucharse risitas alrededor de ellos, cada vez más altas. El jefe de la manada bufa y se restablece el silencio. Más o menos.

— ¿Quieres decir que la tierra termina dentro de poco, y ellos han caído?

— Eso es, sí. No hay más tierra. Hay que enviar exploradores. Buscar sitio dónde tierra no desaparece.

La comprensión se abre paso en alguno de los hemisferios cerebrales del anciano.

— ¡Ñus! Vamos hacia un precipicio…


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