Inclasificables

No sabría definir estas cosas que escribimos.

Las gárgolas

Un cuentecico que me han contado, y que yo cuento por aquí. 

Érase una vez un maestro picapedrero, especializado en la talla de gárgolas para grandes y arrogantes edificios. Y también catedrales y conventos, por supuesto.

Un día, al finalizar una de sus obras y mirarla por primera vez desde la distancia, se sorprendió al contemplar la gárgola más fea, terrorífica y horripilante que jamás humano alguno había tenido que contemplar. La estudió en todos y cada uno de los detalles del rostro sin observar nada anormal, pero cuando se alejaba, volvía a estremecerse al observar ese rostro maligno y degenerado, que a su vez parecía observarlo con malevolencia.

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El inversor de signo gravitatorio excremental. Una teoría cuántica.

Soy una persona muy cuidadosa de su aspecto, que se afana en mantener su línea (curva) porque en mi pueblo, un hombre sin barriga es un hombre infeliz y descuidado. Como dice la Mariconchi, soy un lerdosexual, como el Cristiano Ronaldo ese que sale en los semanarios de Economía y Hacienda.

Bien, pues teniendo esto en contexto, entenderéis que me pese con frecuencia para asegurar que ni aumento de peso para ascender a lorzasexual[1], ni por supuesto pierdo tanto que peligre mi reputación de soltero feliz y apañado.

A lo que iba, que me desvío más del tema que un carrito de supermercado. Pues yo acostumbro a pesarme antes y después de defecar[2]. Os lo voy a poner en plan matemático para que no suene tan crudo (perdón por la imagen), que así me lo ha recomendado don Jonás, el maestro:

M0 ≤ Mf

Siendo M0 la masa inicial ante-defecatio y Mf la masa post-defecatio[3]. O sea, para los del plan moderno de educación, que yo pesaba menos antes de que después de plantar un pino. (más…)

Super-baladres descansando de la mudanza

Los mutantes están aquí…

Sabida la elevada espiritualidad de mi carácter, forjado en la religión tradicional de toda la vida de Dios, y de mi gran fe, tan grande que hay quien la toma por credulidad, he sido desafiado por un infame provocador. De seguro rojo y un tanto ateo, por más señas.

El caso es que, por lo que se entiende, hubo un timador de nombre Randi que anduvo por el mundo desenmascarando a timadores, cómicos de la legua, y otras gentes de mal vivir. O sea, puteando a la competencia.

Randi, El hombre que recorrió el mundo humillando y desmontando a pseudocientíficos y fenómenos paranormales

“Hubo un tiempo donde un hombre luchó contra los mutantes en el planeta. Un tipo que le demostró al mundo que no existen los X-Men fuera de Marvel y, estaba tan convencido de ello, que ofreció un millón de dólares a quien pudiera demostrar sus poderes paranormales. Esta fue la gran obra de James Randi.”

Hasta ahí, vale: un timador hípster que practicaba la competencia desleal. Pero va el tipo ese ¡y se mete con los mutantes! Y por ahí no paso, que mutantes, haberlos haylos. Así que me he documentado a fondo[i] y aquí paso a relatar lo hallado, para desasnamiento de incrédulos, y regocijo de creyentes.

Pero empecemos con una miaja de historia para los jovenzuelos ignorantes. En el principio fueron los súper-héroes de la post-guerra de mediados del siglo pasado. La de Franco no, que ese era parte de otra avanzadilla mutante[ii], la guerra que ganaron los yanquis.

Esos Súper-tipos ya tienen una edad, y se dedican a sus cosas de jubilados. No están para salvar mundos, sino para recordar dónde dejaron las pantuflas.

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Luego vino la segunda generación de súper héroes, allá por los ochenta, jovenzuelos ellos y ya algo mutantes. Pero con el tiempo se humanizaron y empezaron a preocuparse por cosas más de andar por casa.

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Quiero dejar claro por tanto que esto no va de súper-héroes irradiados, de otro planeta o que les ha picado un bicho. No. Este artículo trata de los mutantes que están entre nosotros, tratando de pasar desapercibidos para gobernar el planeta.

Y no, no hablo de los siesos licinciaos éstos.

X-Men tachados

Yo hablo de los mutantes de verdad, de los que hacen maravillas que apenas logramos entender. Pongamos que hablo de…

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Ducharse a los sesenta, una odisea menor

Te estás duchando. Suena Thunderstruck en la versión de Steven and the Seagulls en la tablet.

Aprietas el pitorro de la botella del gel. Te frotas.

Parece que el gel es nuevo, como más espeso.

Frotas más fuerte. No hace espuma. Pringa.

Echas agua. El agua resbala, el presunto gel ni se inmuta.

Miras con desconfianza la etiqueta, pero no ves nada. Estás desnudo y mojado, no llevas gafas.

Acaba Thunderstruck en YouTube y empieza a sonar un anuncio de seguros. Te cagas en los anuncios, en YouTube y de paso en Mark Zuckerberg (que no tiene nada que ver). (más…)

Estimados hermanos (y hermanas) en la fe, escribo estas líneas para anunciaros que he decidido tomar hábitos seglares y renunciar a toda participación en el mundo desde el día primero del nuevo año 2017 Anno Domini.

Y no es por casualidad que os lo cuento en este día de los Santos Inocentes: si bien no aspiro a la Santidad, sí he pecado de inocente, y así lo quiero reconocer. Pero sea cuando fuere, una explicación os debo, y esa explicación os la he de dar agora mesmo. (más…)