4F

Así somos: la banalidad del mal

En 1961, la filósofa y teórica política alemana de origen judío Hannah Arendt asistió al juicio al dirigente nacional-socialista  Adolf Eichmann como enviada del New Yorker, y escribió sobre la banalidad del mal: cómo un hombre vulgar, gris, un burócrata, pudo causar tanto dolor. Para entender la visión de Hannah Arendt, recomiendo este breve fragmento de película:

Pero no hace falta remontarse a la segunda guerra mundial, ni viajar a otros continentes, para buscar ejemplos. Quienes tenemos una cierta edad podemos recordar la masacre de Srebrenica de la que se cumple en estos días veinte años, o las violaciones masivas de mujeres en Bosnia bajo la mirada impertérrita de la Unión Europea.

En realidad ni siquiera es necesario que se aplique la violencia directa, ahí tenemos a los estilizados mandatarios financieros de la comunidad internacional desangrando países sin inmutarse: ahora el foco está en Grecia, como pocos años atrás estuvo en Argentina.

Citaré brevemente los trabajos de personas como la mencionada Hannah Arendt, Haritos-Fatouros, Milgram, y Bauman para explicar cómo puede el mal ser interiorizado por una sociedad en un momento dado de su historia, hasta formar parte de su moral (recordad el concepto de riesgo moral aplicado por la Eurozona).

Os advierto que este artículo no es divertido, porque obliga a replantear el concepto que tenemos de nosotros mismos. Sin embargo es de todo punto necesario conocer para entender y actuar.

Adelante pues con la lectura si queréis saber. Si en cambio preferís ignorar, cerrad los ojos y pasad a otra cosa más superficial, pero antes recordad que quien ignora la historia está condenado a repetirla.

Allá vamos.

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El caso 4F en Barcelona (II y final): posibles explicaciones

Unos días atrás presenté el caso que ocurrió en Barcelona el 4 de febrero de 2006 con el título El caso 4F en Barcelona (I): los hechos.  Trataba en ese escrito de relatar la historia de unos jóvenes que fueron detenidos, juzgados y condenados  por agredir a unos agentes de la guardia urbana, con el resultado de heridas muy graves en la cabeza a uno de ellos, que se encuentra tetrapléjico, ha perdida el habla y las funciones motoras. Patricia Heras, detenida en circunstancias aún menos claras, acabó suicidándose en 2011, dejando tras de sí un blog rebosante de poesía oscura: poetadifunta.blogspotcom.es.

El suicidio de Patricia Heras, junto con los premios recibidos por el documental Ciutat Morta: ni oblit ni perdó y su proyección en TVC, sonaron como un aldabonazo en la conciencia de los barceloneses porque aportan historias de torturas, abusos, confabulaciones, encubrimientos, prejuicios,… En definitiva unos niveles de injusticia que ya eran impropios en el siglo XIX cuando Émile Zola publicó su alegato J’accuse.

Es obvio que no puedo saber qué ocurrió exactamente, pero como observador en primera persona de los protocolos de actuación de la policía en Barcelona, me resulta más creíble el relato de Ciutat Morta que la versión oficial.

Si los hechos realmente ocurrieron como los cuenta el documental, ¿cómo pudo ocurrir en el siglo XXI y en una ciudad como Barcelona? Voy a intentar responder a esta pregunta desde una perspectiva de psicología social, pero en ocasiones puede resultar tan increíble que recomiendo visionar el siguiente documental antes de pasar a leer mi análisis. Porque si no supiésemos de estos experimentos, podríamos creer que se trata tan sólo de un caso aislado, o de unas pocas personas corruptas, y eso sería un error: así es como los humanos nos comportamos en sociedad.

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El caso 4F en Barcelona (I): los hechos

El 4 de febrero de 2006 unos guardias urbanos de Barcelona acuden, sin casco ni pertrechos de protección, a una fiesta en un edificio municipal okupado en Barcelona. Un objeto impacta en la cabeza de un guardia que queda en coma. Otros guardias urbanos detienen a unos jóvenes en la calle, y alguien detiene también a otra pareja que se encontraba en el Hospital del Mar para curar unas heridas superficiales. Son acusados del intento de homicidio y varios de ellos condenados hasta cinco años de cárcel.

Cuando accede al tercer grado, la muchacha que había sido detenida en el hospital se suicida.

Hasta aquí la sucinta historia oficial, pero hay otra historia que habla de detenciones injustificadas, de torturas, de cobertura política, de un juicio plagado de irregularidades, de vergüenza en fin. ¿Cómo pudo esto ocurrir en la Barcelona del siglo XXI? A esta pregunta intentaré responder en el próximo artículo, pero antes recomiendo visualizar el documental “Ciutat Morta”, porque ningún texto podrá jamás transmitir las emociones de los testimonios. Para quienes no quieran, o no puedan, visionar la película he intentado explicar con tanta objetividad como me ha sido posible, qué ocurrió.

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