Apartados

Últimas voluntades de un servidor. Recordatorio.

22 de julio de 2016.

Inestimable – en sentido literal – vejestorio que ejerció de administrador de este blog.

He estado leyendo sus artículos antropológicos en Alien Social, donde afirma gratuitamente que el antropólogo tiene que enfrentarse a la cultura estudiada como si fuera totalmente ajena a ella. Siendo yo un ejemplar sobresaliente en mi especie, incluso para una raza cuyo individuo más tonto es superior al mejor ejemplar homínido, y para más inri con una longevidad indefinida, me preguntaba cómo lleva la cosa de la mortalidad un tipo tan añejo como usted.

Como estudiarle a usted en particular, y a su especie en general, me produce un aburrimiento soberano, casi prefiero que nos lo cuente directamente y nos ahorre el esfuerzo.

Desde el cariño que no le tengo,

P.Baladring. (más…)

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El viaje de Ifigenia: 1. La infancia

Podría fingir que he encontrado un manuscrito, o que alguien me contó esta historia, … Pero la verdad seguiría siendo que esta historia es pura ficción, desarrollada a partir de una idea recibida en un momento de debilidad cognitiva y emocional.

Éste es un capítulo introductorio (en el buen sentido de la palabra) de una serie de cuentos que se desarrollarán (o no) dependiendo de la respuesta que obtenga. Si os gusta la idea, por favor comentad vuestro parecer. De lo contrario Ifigenia tendrá una vida intensa, pero breve. Muy breve.

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Hawking está de acuerdo: esto se hunde

Como probablemente no recordaréis, porque sois muy de JA, JA, JA y poco de pensar, a principios de año el agonías de V.J. escribió en el blog del cabezón una serie que tituló Buscando el FiltracoSegún cuenta, la cosa empezó inocentemente cuando intentaba comprobar la tontá que se le había ocurrido a un tal Fermi allá por la mitad del siglo pasado. La conclusión fue sencilla: esto se hunde en menos de treinta años.

Nada, que le hicieron caso sólo los amigos, y digo yo que sería para que parase y no siguiese escribiendo, ahí, dale que te pego a la tecla como si no hubiese un mañana (o igual era por eso, por si no hay un mañana).

Pues bien, ahora va y dice lo mismito el licinciao ese de la silla de ruedas que habla, el Esteban Cetrería (Stephen Hawking para los políglotas), y van y le publican la cosa en los periódicos de postín. Aunque si miráis en los comentarios, tampoco es que se lo tomen muy en serio.

Por resumir, que según los tristes del V.J. y el Esteban, que de aquí a treinta años a ojo de buen cubero, estaremos en una de tres:

  • Colonizando el planeta Marte y la Luna.
  • Disminuyendo la población por la vía bestia, ni Malthus ni chorras.
  • Empezando a extinguirnos.

Como yo sospecho que, si acaso, a la Luna y Marte irán pocos, ricos y americanos, pues que va a ser que me importa un pijo. También me columbro yo que si los americanos, que no tienen cosa buena, se ponen a frenar la demografía por las bravas, tengo poco futuro porque yo sólo sé de dar collejas, pero de misiles ni gota.

Así que me estoy preparando para la extinción. De momento he puesto este vídeo en reproducción continua:

Hale, y si os apetece os releéis la serie del Filtraco, que también es cosa entretenía.

Carta abierta a Pedro Sánchez (155 mediante)

Apreciado (que no estimado[1]) Pedro.

He recibido del PSOE una misiva sin firma en la que se repite palabra por palabra el mismo mensaje que emitió ayer sábado 21 el Presidente del Gobierno, ese al que dijiste en campaña que echarías del poder. Bueno, que sepas que te escribo para decirte que para este viaje no necesitábamos alforjas. (más…)

Las gárgolas

Un cuentecico que me han contado, y que yo cuento por aquí. 

Érase una vez un maestro picapedrero, especializado en la talla de gárgolas para grandes y arrogantes edificios. Y también catedrales y conventos, por supuesto.

Un día, al finalizar una de sus obras y mirarla por primera vez desde la distancia, se sorprendió al contemplar la gárgola más fea, terrorífica y horripilante que jamás humano alguno había tenido que contemplar. La estudió en todos y cada uno de los detalles del rostro sin observar nada anormal, pero cuando se alejaba, volvía a estremecerse al observar ese rostro maligno y degenerado, que a su vez parecía observarlo con malevolencia.

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